Hoy vi cómo varias chicas se presentaban a un examen. No fueron las únicas, pero éstas en concreto me llamaron la atención y no por ser del sexo opuesto, sino por haber hecho trampas. Al parecer la profesora carecía de la imaginación suficiente como para inventar un examen y empleó el del año pasado (o bien una porción de tiempo más amplia). Dicha prueba era simplemente autoevaluativa y carecía de valor alguno para el expediente académico, pero ahí estaban ellas dando saltitos y preocupándose porque habían caído en la cuenta de que no sería normal que cometieran el mismo fallo que no había sido identificado como tal en el examen comodín que usaron. Resulta curioso que esas dos faltas menores desemboquen en una falta algo más grande para otros alumnos. Casi podríamos decir que no es culpa de nadie. Nadie puede estar pensando en la onda expansiva que estamos emitiendo constantemente. En cualquier caso, la actitud de estas estudiantes me pareció infantil.
¿Qué entendemos por infantil? La Santa RAE se refiere a ella como comportamiento parecido al del niño en un adulto. Es una situación un tanto compleja, ya que la palabra abarca un amplio espectro de caracteres y comportamientos. No sabemos partir de la teoría y/o la abstracción para dar con una definición concreta, pero sí somos capaces de emplear tal adjetivo cuando tenemos ejemplos a los que referirnos. Y es que hay una multiplicidad de elecciones muy grande dentro de los comportamientos de los niños. Ya Xénakis dijo a mediados del siglo pasado que una de las pocas formas de propiciar fenómenos aleatorios sería a través de un niño. Ahora pienso que podríamos conectar tal aleatoriedad con la caótica (que no desordenada, sino en relación a la teoría del caos ya que un fallo ha producido un fallo mayor) situación expuesta en el párrafo anterior.
Pero creo que no es el caso. Supongo que serían los gestos de las estudiantes los que me evocaron, o bien sus métodos para conseguir algo. Aunque me llama mucho la atención que puedan superponerse lo infantil y lo adulto dentro de una persona. Un niño es una persona (o personita, según se mire), que no ha sido condicionada dentro de una sociedad. ¿Es posible que un adulto pueda regresar a tal estado previo a su situación actual? Esto me hace pensar si no será que nunca llegamos a estar condicionados. El adulto y la madurez son situaciones inalcanzables en las que pintamos nuestra vida como camino sin fin. Una línea recta en la que partimos de una educación de adultos frustrados para frustrarnos nosotros mismos el día de mañana.
Ahora mismo me encuentro escuchando el cuarteto que compuso Ravel en 1903. Al músico francés siempre se le ha asociado con lo infantil, pero su música tiene poco que ver con la de Xénakis (aunque éste le dedicara una miniatura para piano). Quizás tengamos que hablar de un estereotipo infantil en el que hemos metido una actitud más compleja. Aunque quizás ese es otro tema en el que me pararé a pensar si tengo tiempo.