Me lavo los dientes, escupo, decido no afeitarme. Me miro al espejo, sonrío. Y cojo la cinta adhesiva. Tiro de ella con su correspondiente gemido y me la pongo en la boca. Ahora no puedo hablar, o lo que es lo mismo mmm mmmj mjmemmm y diciendo no con un metronómico dedo.
Y así me presento en la calle, dando unos majmsmm a los que me dan los buenos días. Camino del trabajo. Entonces aparece ella con una armadura medieval dando pasos de lata. Plonc plonc ploc hoy no me podrás pinchar jaja y yo con mi ensayado gesto dijo mjjm mmajm mfm y mi dedo canta un no de uña a ritmo de allegro mano tanto. Y ella que le daba igual porque no me iba a hablar y que no sabía qué hacía mirándome. Yo me subí a un coche y me puse a silbar, pero me acordé de que no podía. En ese momento ella se resbaló (no se habían inventado las suelas antideslizantes para las armaduras de entonces) y se quedó inmóvil en el suelo.
"Puedo levantarme sola" reivindicó mirando al cielo (no podía mirar a otra cosa)
"No iba a ayudarte" contesté en dialecto mjjm
Así era todos los días... ya ni me acuerdo de quién era ni cómo empezó todo esto... sólo sé que tengo que estar lejos de esa persona, y ella actúa en concordancia conmigo. Y a partir de este imaginario comienzo podemos listar un historial de sucesos poco agradables.
Al día siguiente fue un poco peor, estaba subiendo por las escaleras y tratando de apurar el paso se resbaló y se cayó de boca y al siguiente a éste yo crucé la calle sin mirarla y claro, tampoco miraba la carretera y un taxi me hizo dar una voltereta... Antes de que el taxista indicara dónde estábamos pude ver por el rabillo del ojo que ella me estaba mirando... Quietos en medio de tantos cristales rotos flotando en el aire. Antes de meterme en la ambulancia el conductor dijo "Ya que por lo menos tienes educación demuéstrala y da las gracias". Y yo no podía porque tenía un cristal en la garganta.
Y un día le dije "tienes un par de rasguños en el brazo" y ella "no es nada" y luego añade:
"Además tú también tienes la mano escayolada" a lo que yo contesté "tampoco es nada"
Es una cosa muy rara... Es un modo de vida basado en decir que no hay tal modo de vida. Y al final se convierte en costumbre, porque no puedo vivir sin decirle a ella que puedo vivir sin ella. Un juego autodestructivo al que ella se presta y comparte las mismas normas.
No sé si tiene fin. Pero no puedo pensarlo ahora. Sólo tengo esta tarde para averiguar cómo puedo evitarla mañana. He optado por disfrazarme.