Me desperté con una extraña sensación de humedad. Las sábanas estaban encharcadas de vino.
Tenía en mis sienes las marcas de un calzador de acero para ponerme el pelo
Cuando camino mis costillas suenan como unas castañuelas de Falla.
Y cuando sonrío los alambres que están amarrados a mis labios tiran del resto de mi cuerpo
es cuando olvido que no hay motivos suficientes
Pero no importa, la música sigue y tengo que bailar apoyado en mis rodillas