- ¡Rajmáninov!¡Usted lo conoce! Tiene cara de oírlo e incluso de escucharlo.
- ¿Perdone?
- ¡Sísisisi! No se me haga el gilipollas por favor ¿No conoce usted a Serguéi Rajmáninov?
- Mire, no tengo ni puta idea y tengo prisa. Así que pregúntele a otro y hasta luego.
- Aaaaa. Vil incultura que asola nuestro desmembrado país. Usted TENDRÁ que oír e incluso escuchar a Rajmáninov.
- Usted me va a soltar el brazo o le suelto una hostia.
...
- ¿Sabe lo que le digo? Que le voy a dar una oportunidad. Si veo que sigue con esa laguna, aplicaré otras medidas. Hágame caso amigo. No es casualidad que vayan tantas personas a un concierto suyo.
Y se largó y me dejó tirado en la calle. Normalmente no suelo hacer caso de incidentes como ese, pero este tipo me había puesto muy muy nervioso. Lo que haré será poner "Raimálalof" en el Google y a tomar por culo, pero es que no me sale nada. Y el Google me lee el pensamiento y me dice "quisiste decir Rajmáninov" y yo le digo que sí y ya sé algo sobre él. La música no es nada del otro mundo. Está bien, es muy bonita. Pero no sé... soy más de otro estilo. Tengo que reconocer que como método publicitario, ese flacucho histérico es efectivo. Así se explica que escritores como Tolkien tengan tantos adeptos... con alguien amenazándoles para que lo lean.
No me lo he vuelto a encontrar. No sé si es que el loco soy yo por haber tomado en serio lo que pasó en ese día o es que la oportunidad que me dio era un larguísimo plazo de tiempo para profundizar en Rajmáninov.
Mi compañero de oficina está jugando al buscaminas con un rollete suyo por el messenger. Está escuchando algo de REM.
- Jorge
- Dime
- ¿Conoces a Rajmáninov?
-¿Tengo cara de conocerlo?