No me da tiempo recoger mi cuerpo
apoyado en el techo
el techo se está replegando sobre el suelo
el suelo sigue llorando ceniza
no puedo respirar siguen tirando de mí con fuerza
las paredes me arrancan la ropa mediante fuertes tirones
la ventana se está riendo de mí quiere mirar mi cara de abatimiento
la puerta no quiere abrirse
yo mismo me encerré en este cuarto
yo me metí dentro y con un martillo me introduje la llave en la sien donde aún siento el metal y su frío
latido cada vez que pienso en algo
el ángel que me sacó del pozo es el mismo que me vuelve a arrojar en él
lo he visto mirándome en la ventana, pero finge estar observando cualquier otra cosa
el suelo comienza a inundarse de esterlicias las paredes sudan vino
comienzo a hundirme
comienzo a ir a ninguna parte
empiezo a besar anguilas que no existen
serpientes de dos cabezas que se enroscan en tus piernas
quiero arrancarte tus alas para que no vuelvas a huir volando
quiero que salgas corriendo para que te persiga gritando tu nombre
las flores penetran en mi boca y apenas puedo gritar como antes lo hacía
y tú caminas sobre ellas sin apenas hundirte
dudo entre apreciar la belleza de la escena y forcejear para salir a flote
tienes tiempo de sobra para dejar que dude
puedo estar años así mientras cuentas esas décimas de segundo
las flores se marchitan mientras tu coges aire y florecen de nuevo cuando lo expulsas
mi tiempo se atrasa y tú vas con mayor velocidad
tengo miedo de nadar
no quiero reconocer que necesito que me cojas del brazo
¿crees que sé nadar? nunca había metido pie en estas aguas floreadas
empieza a oler a madera húmeda y cae arena en mi cara mojada
puedo moverme
no necesito tu ayuda
la habitación en la que me metí ya reventó hace años
cuando tú creías que habían pasado unos segundos
sé nadar entre mi propia sangre y lágrimas
y tú puedes volar
a menos que te arranques las alas y tengas los cojones de querer saber a qué diantre sabe esta agua
en la que he buceado toda mi vida
y comenzaba a gestarse una brisa mientras las olas finaban en crestas de semen espumoso
yo apartaba serpientes bicéfalas para llegar a tierra firme pero no existía tal cosa
en el cielo había una ventana y traté de abrirla
el agua comenzaba a subir de nivel y pude hacerlo
el agua empezó a subir hacia esa ventana como si fuera succionada
el agua se desvanecía
las serpientes no cabían por tal ventana y se desmantelaban, inundando de vino lo que fue una
habitación
y caí en un montón de hojas secas que protestaron con un graznido calcáreo
que quede bien claro que fui yo quien aprendió a nadar a la vez que aprendió a temerle al agua