Contrasta mucho escuchar a Haydn mientras delante tuya tienes una persona que está describiendo cómo le rompía la cara a alguien.
Resulta interesante observar que el fenómeno del insulto se presenta de distintas formas según la cultura.
Es humillante sentir cómo dices algo que realmente no suscribes.
Termina siendo agotador intentar que la gente entre en razón.
Saber que alguien está pensando en ti es reconfortante y te olvidas de que antes estabas hueco por dentro.